Antes estar era suficiente
«Pronto llegará la noche con sus ojos, llegará con sus fuegos y sus lágrimas y será una vez más el velatorio del cielo y otra vez será la luna una nueva lápida sobre el mundo»
“Este relato fue seleccionado como Subcampeón de la tercera edición del Concurso del Escritor de Substack”.
Diciembre de 2025
En la plataforma Substack, recibo un manifiesto remitido por @robertoequipo entre varias personas más que aparecen en el escrito. Se trata del Tercer Concurso de Escritores de Substack, una de tantas bombas literarias y llenas de aprendizaje e interacción que lanzan cada cierto tiempo. Esta vez el tema del concurso trata sobre estas fiestas; que cada cual le dé el significado que más le agrade: religioso, cultural, histórico... Yo quise enfocar y hacer un poco de hincapié en lo que significaron para mí cuando yo era pequeño, cuando viajaba muchísimos kilómetros para estar con mi familia en casa de mi abuela. Aunque para rememorarlo, tuviese que utilizar la máquina del tiempo.
Había prometido no volver a utilizar más la maldita máquina infernal, pero aquí estoy otra vez, sentado frente al ordenador escribiendo cómo sucedió mi penúltimo (que nunca el último) viaje en el tiempo.
Navidad de 1982
Aparezco aturdido en la buhardilla de la casa de mi abuela. El dolor de cabeza y esta ligera sensación de mareo que ya me resulta habitual la sobrellevo con mi espalda apoyada en la pared y mis piernas recogidas, pegadas a mi cuerpo. Cierro mis ojos.
Reconozco la voz de mis padres. Los olores que percibo y estos sonidos tan familiares me hacen sentir dentro de un recuerdo. Distingo el olor a turrón casero que hacía mi abuela. Aquí en la buhardilla no ha pasado el tiempo; el ambiente, el polvo y los trastos que guarda mi abuela, todo está aquí, es el ya, el ahora, el momento.
Abajo ya han estallado las risas. Escuchando la voz de mi abuela y las risas nerviosas de mi madre, el griterío de mis primos, mis hermanos menudos y, joder, mi voz. Me imagino la situación. Estoy flipando. El ruido de los platos, los cubiertos, alguna tos, las bromas de mi tío. Menudo jolgorio. Desde mi escondite siento como una punzada en el pecho, como en cada uno de mis viajes, que el yo no existe, que el yo es de ellos, de los otros. Decido bajar sigiloso hasta el pasillo, solo para asomarme sin ser descubierto. Distingo las luces del humilde árbol y puedo ver las figuritas de madera que hizo mi abuelo. El olor a comida es el de mis recuerdos en casa de mi abuela. Me acerco un poco más hasta el final del pasillo y los veo; están todos, menos ¿mi abuela?
Sinceramente, me duele pensar en 2025. Mesas llenas de abundancia, los regalos que compiten, hermanos y familiares que se miden y se critican...
Regreso a la buhardilla y entre los dos baúles distingo escondidos los regalos; no están envueltos. En casa de mi abuela nunca se envolvían. Un tren de hojalata, un libro usado de Agatha Christie, una bufanda hecha a mano... Humildad, mucha humildad. Suficiente. Los cojo y hasta los huelo con mis ojos cerrados; entonces se me mezcla la sensación de dónde vengo y qué fui en estos años.
Las horas pasan y la casa se torna silencio; las risas se van apagando. Es entonces cuando escucho pasos que suben la escalera. ¡Mierda! Con cada peldaño mi corazón se acelera; no tengo dónde esconderme.
La puerta se abre y veo a mi abuela que sostiene un pequeño plato con polvorones y turrón. Nos miramos por unos instantes y nos abrazamos.
—Abuela, sabes quién soy, ¿no?
—Claro que lo sé. Lo sé todo. No es la primera vez que vienes del futuro, ¿lo recuerdas? Además, cuando te has asomado al pasillo no me has visto, porque yo estaba en la cocina. Te vi pasar sigilosamente. Me diste un buen susto, pero enseguida supe que eras tú.
—Te quiero, abuelita.
Y en ese momento, tras crear voluntariamente una paradoja temporal e interferir en la línea del tiempo, mi cuerpo entró en la espiral que me trajo de vuelta a 2025. Aquella espiral, las voces, el mareo y esos fogonazos de recuerdos en mi cerebro...
Mientras escribo esto, queridos lectores, me rondan en mi cabeza las palabras de mi abuela: “No es la primera vez que vienes del futuro, ¿lo recuerdas?”.
No sé de qué viaje temporal me habló, pero estoy seguro de que ella sabe algo más que se me escapa.
Gracias por leer «El Substack de Manu LF».
¡Que tengas un feliz fin de semana!🫂





Ay...lo que yo daría por traer de vuelta a mi abuela...gracias por recordármela a través de este relato. Un abrazo.
Para mi, campeón de campeones