Señales
«Toda palabra es fractura, señal inequívoca de nuestra caída en el tiempo. Pero el poeta aprende a rimar la muerte (…)»
Después de la última llamada con número oculto que recibí, llevo un tiempo dándole vueltas a una serie de acontecimientos extraños que me están sucediendo y que aparecen en mi vida poco a poco, a cuentagotas. Los he llamado señales.
Sé que los viajes temporales me han dejado psicológicamente un poco jodido, no lo voy a negar. Ya no pienso ni actúo como lo hacía antes de viajar en el tiempo. Por eso decidí parar, al menos hasta estar bien, pero cuando empezaba a estarlo vino lo de la llamada oculta; yo, en 2026, hablando con mi yo de 1998 a través de un teléfono fijo que ya ni existe. Desde entonces todo se volvió a liar.
Os lo cuento:
Aquella madrugada, mientras hacía el turno de noche en mi trabajo, sentía que la realidad comenzaba a tener pequeñas oquedades; por momentos, llegué a escuchar personas hablando, niños jugando y conversaciones donde no había nadie. Creí enloquecer.
Cuando llegué a casa, apareció el primer objeto. Dejé las llaves en el mismo cuenco de siempre, y al entrar en el salón vi una foto que no estaba ahí el día anterior. Una foto en papel fotográfico, en un tono amarillento, la típica impresión fotográfica barata de los años noventa. Salían dos chicos en una plaza de mi antiguo barrio. Uno de esos chicos era yo; el otro ni lo recuerdo, de hecho, ni sabía que estaba allí el día de la foto. Su rostro no se distinguía bien porque, al estar alejado, no estaba enfocado. La foto no tenía nada escrito; la miré por detrás, pero nada. Recuerdo el día que me hicieron aquella fotografía. Observándola, a pesar del mal enfoque, descubrí la mirada seria y clavada en mí del chico que estaba a varios metros, mientras yo sonreía a la cámara para un primer plano.
Dejé la foto sobre la mesa, pero volví a cogerla para observarla a la luz. No encontré nada llamativo. Por un momento pensé que se trataba de una broma de alguien que había accedido a mi casa, pero ¿quién de mi entorno iba a hacer eso? Nadie.
Ese día, dormí mal, sin encajar en la fase REM. En mi cabeza rondaba la incomodidad de pensar que alguien había podido entrar en mi domicilio y dejar aquella fotografía allí.
Segunda señal
Esa no fue física. Iba caminando por una calle del centro de mi ciudad, me dirigía a recoger un envío postal y, al pasar junto a una tienda de electrodomésticos, escuché una frase. “Te vas a olvidar de esto.” Era la misma voz que escuché la noche del turno de trabajo, la misma, pero más clara.
Joder, reconocí esa voz y ese momento. Lo había vivido antes, era como un déjà vu, pero muy claro e intenso. Me detuve. El mismo sol sobre el escaparate, las mismas sartenes, batidoras, molinillos naranjas marca Moulinex en el escaparate, el mismo reflejo de mi cara, el mismo autobús de línea recogiendo gente en la parada... todo exactamente igual. Apuesto a que hasta el olor de ese día era el mismo de 1998. Respiré varias veces y seguí mi camino pensando que dejaba atrás un momento que ya había vivido dos veces.
Una vez en casa, cogí la foto otra vez. La giré, la volví a girar. Intenté recordar quién era el otro chico. Nada.
Tercera señal
La tercera señal fue un objeto que apareció buscando un cable en un cajón que no abría desde hacía años. En él encontré viejas nóminas, papeles de la garantía de algunos electrodomésticos que ya me deshice de ellos porque les llegó la obsolescencia programada, pilas sueltas de todos los modelos, cables viejos de antena, cuánta mierda cabe en un cajón, y, entre todo, apareció una cinta de casete de la marca TDK, transparente con una etiqueta escrita a bolígrafo verde con dos palabras tachadas: “Por si”.
Me quedé mirando aquella cinta en mi mano. No tengo reproductor de casete desde hace muchos años. La letra no la reconocí al principio, pero luego supe que sí que era mi letra, algo más inclinada a la derecha. La letra de cuando era adolescente, mi letra de antes. Dejé la cinta sobre la mesa junto a la foto. Dos objetos que, sin saber cómo, desaparecieron de mi vida y no sé por qué han aparecido en el año 2026.
Vais a pensar que me he vuelto paranoico, pero sé que no lo soy. Sí que he empezado a prestar más atención a cosas que antes no miraba o pasaban desapercibidas por mi vida.
Las señales empiezan a acumularse. Son tantas que ya ni las cuento. Y vale que se aparezcan como pequeñas, distanciadas y a cuentagotas, pero sé que son señales.
La otra mañana, al levantarme, encontré un libro que se había caído de la estantería. Estaba abierto justo por la página en la que alguien había subrayado una frase.
También he descubierto que hay una serie de números que se repiten en diferentes sitios: en un ticket de la compra, en una matrícula de un coche, en la hora en que, sin saber por qué, he mirado el móvil por algún motivo que desconozco.
El sábado entré a una peluquería a la que nunca había ido antes. Cuando el chico empieza a cortarme el pelo, escucho una canción de un grupo de los noventa. El grupo solamente grabó dos maquetas y no lo conocían ni en su casa, pero precisamente la canción que sonó era una de las que yo les escribí en aquellos años.
Para mí, son señales, pero tú, que estás leyendo esto, pensarás que nada de esto se puede considerar extraordinario, que está dentro de una estadística y que tiene una explicación, que quizá tenga yo una necesidad de encontrar patrones donde no los hay. Perfecto. Podría ser, pero hay algo que lo hace inexplicable; es la sensación que cada señal produce en mí, el sentirme observado por alguien que creo que me conoce demasiado, alguien que sabe qué objetos poner en mi camino para que yo me detenga ante ellos, qué frases o recuerdos me van a incomodar mucho. Ese alguien que sabe hasta dónde vivo.
Tardé varios días en localizar un reproductor de cintas de casete Encontré uno en Traperos de Emaús, funcionaba y lo compré por veinte euros. Llegué a casa con la incertidumbre de conocer qué iba a escuchar en aquella cinta. La metí, pulsé el Play y aquello no emitía sonido alguno. Vaya fiasco, pensé. Pero al subir el volumen al máximo, apareció una voz, entre interferencias, cortes, espacios sin sonido; ahí estaba esa voz que reconocí sin dudar. Era mi voz, la misma que me llamó con número oculto. No me lo creía. Mi yo más joven y menos consciente de lo que el futuro me deparaba. En el audio no decía nada espectacular, hacía entrevistas a la gente, sobre todo amigos, conocidos y gente maja que me encontraba por la calle un día de fiesta por la noche. Recuerdo aquel verano, qué buenas risas. La diversión y el juego que me dio un pequeño reproductor de casete a pilas que tenía la opción de grabar voz, era muy original para aquella época y supe sacarle partido.
En uno de los espacios sin sonido, llegué a escuchar un fragmento con varias frases sueltas y alguna pregunta sin responder. Esas no recuerdo haberlas grabado.
Por la noche tampoco dormí. Estaba empezando a encajar piezas de aquel puzle, y eso me producía cierta incomodidad por acercarme a pasos agigantados a lo desconocido.
Volví a coger la foto y la puse junto al casete. Miré al otro chico durante más tiempo, tratando de reconocer aquel rostro. Y entonces caí. No era alguien que no recordara, era yo, mi otro yo en 1998. Estaba allí, observando cómo me hacían la foto. Le reconocí por aquellos pantalones vaqueros medio acampanados. Quiero pensar que ese yo de 1998 no es el que me llamó al año 2026 con llamada oculta sino otra versión de mí que había viajado en el tiempo, y que se mantuvo al margen evitando interactuar con su yo para no crear una paradoja temporal y liarla. Joder, y aquella mirada... Ahora lo entiendo; él me estaba observando a mí, sabiendo que yo iba a acabar viviendo este mismo momento, estas señales...
A partir de ahí empecé a ordenar los acontecimientos. Improvisé una especie de pizarra en una de las paredes de mi casa, y como un puto loco fui ordenándolo todo. Las señales no vienen de fuera. No hay nadie entrando a mi casa, tampoco nadie deja objetos para asustarme. Soy yo mismo, joder, y no en el sentido metafórico que tanto nos gusta utilizar para suavizar nuestras miserias. Me refiero en el sentido literal.
Yo, el adolescente de 1998, con su letra torpe, torcida hacia la derecha, con su casete, con su forma de guardar recuerdos en objetos físicos porque no tenía otra cosa. Quizá el mismo que un día, por razones que desconozco, consiguió llamarme.
Ahora empiezo a entender muchas cosas; después de la llamada, siguió intentándolo, pero no a través de la línea telefónica, porque eso ya no le funcionó más, sino a través de lo único que tenía: objetos, gestos y repeticiones que yo intuía como déjà vu. Aquella foto que sabía que me iba a descolocar. Una cinta que guardaría su voz cuando ya no supiera la manera de hablar conmigo. Frases sueltas lanzadas al aire, esperando, quizá, que algún día encajaran.
A día de hoy, mientras escribo esto, las señales no han desaparecido. Tampoco se han vuelto más claras. Siguen siendo pequeñas y vienen a mí a cuentagotas, a veces absurdas, pero ya no me provocan la inquietud de antes. Ahora, cuando encuentro algo que no se ajusta a mi realidad, pienso en ese yo en 1998, sentado en una habitación y rodeado de cosas que ya no existen, intentando dejar migas de pan como Hansel y Gretel en un camino que no sabe si él, yo en 2026 recorreré.
A veces me pregunto si esa versión de mí está atrapada en el tiempo, o si necesita ayuda... Otras, pienso en qué esperaba encontrar al otro lado o si imaginaba a alguien distinto. Puede que esta versión de mí le parezca una decepción o, por lo menos, una prueba de que sigo vivo.
Como ya os he contado en anteriores posts, he viajado tanto en el tiempo que ya ni sé a qué versión de mi pertenezco.
Ahora que reconozco sus señales, no mirar hacia otro lado cuando aparecen, siento mucho el no tener forma de responderle. No hay un número al que devolver la llamada. Lo único que me queda es desenterrar la cápsula del tiempo y volver a empezar un nuevo viaje a 1998.
Gracias por leer «El Substack de Manu LF».
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¡Que tengas un feliz día!🫂







Ya sea Capsula o Delorean, sabes que viajaremos de escondidas si decides volver a 1998.
¿A que estás esperando a desenterrar la cápsula? 🫂